viernes, 6 de septiembre de 2019

Sueños hechizados

Ella era un poco rara, la gente del pueblo la miraba de reojo. Su nombre era dulce, su madre lo decía suavemente pero ella casi no lo recordaba. Hacía tanto que  ya nadie la llamaba así... Ya no podía recordar la ternura con que su madre le decía: "Rocío mi niña bella, mi princesa de cuentos de hadas, mi pedacito de cielo". 
Cada vez que llegaba a un lugar, justo en ese momento todos empezaban a irse muy apurados. "Ya llegó esa Bruja"..."No se da cuenta que no es como nosotros"... "¿A qué viene por acá?" "Debería quedarse en su cabaña, más allá del pueblo, en medio del bosque... acá no nos gusta la gente como ella"...  "Que rara es, esperemos que no nos haga algún maldeojos , parece una Bruja."  
Ahora escuchaba que todos le decían así y llegó a pensar que así se llamaba. Ya no estaba segura quién era, ni por qué la miraban con recelo cuando ella sólo quería conocerlos, hacerse amiga...
La maldad de esos que no entendían nada, que sólo  sabían murmurar y criticar fue apagando el sol en su vida, dejándola entre sombras que dolían.
Ya sólo venía al pueblo por la noche, lo hacía por costumbre, como un tranquilo paseo. Recorría las solitarias calles, apenas iluminadas por opacos faroles y se sentaba en algún banco de la plaza. Desde allí  miraba, buscaba en las ventanas iluminadas algún rostro amigable, pero todas poco a poco se iban apagando y se cerraban. Entonces emprendía el regreso, despacio... como quien no está seguro de querer irse.
Una noche un pequeño y flaco gato negro empezó a seguirla. No importó cuánto se esforzó en correrlo. Ella le decía: "¡Fiú, schú, chau! Andateeee. Tus dueños te esperan. Me van a acusar de secuestrarte." No importó nada. Tizón la miraba y movía su cabeza escuchándola con atención. Finalmente ella pensó: "Este gato no entiende nada" Y Tizón pensaba: "Que linda humana, es interesante, no es como todos, parece estar buscando un amigo, alguien con quien jugar" y así continuó siguiéndola. Poco a poco se acercó, caminó a su lado, siguió observándola. De a ratos se adelantaba un poco, se le cruzaba por delante y observaba su otro perfil. Sí, le gustó lo que vio desde todos los ángulos y él en realidad, no tenía familia, ni humana ni gatuna así que ya estaba decidido.
Después de un rato llegaron a un claro del bosque,  la luna iluminaba una cabaña destartalada que Tizón miró pensando que ese, definitivamente, sería su hogar.
Un majestuoso búho se asentó en una rama del viejo roble que custodiaba el lugar. Miró a Rocío y pensó: "Ya se trajo un gato flaco y destartalado para cuidarlo." Y mirando alrededor, girando su cabeza pensó: "Ese gato hace juego con la casa. Bueno, seguramente no me va a dar problemas." Y otra vez levantó vuelo porque tanto pensar le había dado hambre, había que buscar la cena...
Pasaron los días y ya ella no iba al pueblo, se quedaba en su casa, limpiaba, leía, cuidaba la huerta, tejía y corría a Tizón cuando le enredaba las madejas... 
Un día buscando una tela para arreglar una cortina que Tizón había rasgado, encontró en un viejo baúl de su madre un libro grande, con extrañas inscripciones antiguas. Ella sonrió suavemente y un brillo volvió a sus ojos. Acarició el libro dulcemente,  las tapas,  el lomo gastado con letras que en parte conservaban un rastro dorado señal de mejores tiempos. Mientras lo hacía cerró sus ojos y la luz la llenó por completo. Pudo ver claramente cómo su madre casi cantando leía las viejas recetas mientras echaba los ingredientes al caldero que aún permanecía  colgado en la chimenea. Casi podía oler esas pociones mágicas que preparaba cada vez que alguien necesitaba alguna solución para algún dolor o un problema.  
Cuando a ella le dolía la panza su madre preparaba un bebedizo color miel que le daba mientras le besaba la frente y el dolor desaparecía. Si alguien no podía encontrar algo muy importante o valioso, su madre rociaba una poción sobre muebles y rincones y el objeto comenzaba a brillar y bailar frente al despistado y sorprendido dueño...
Esa tarde leyó todas las recetas del libro y con cada una más y más recuerdos le abrigaron el corazón. De pronto ya no se sintió tan sola y tampoco triste. Y ni siquiera se enojó cuando el gato desparramó todo el canasto de lanas. ¡Y  juntó todas las madejas riéndose! "¡Qué gato travieso sos Tizón!" 
Esa noche todos en el pueblo tuvieron un mismo sueño. Uno extraño y muy real. Soñaron con aquella mujer que hacía ya mucho tiempo habia vivido en el bosque con su hija. Era rara pero buena, muchas veces los había ayudado con sus dolores o problemas.  Todos trataban de recordar qué había pasado con ella.  "Estuvo muy enferma" decían unos. "Su hija era pequeña", recordaban otros. "Se parecía a la rara..." Y todos se quedaron viéndose unos a otros,  como reaccionando a un súbito llamado de atención. 
Rocío comenzó a tener visitas y a recibir invitaciones. 
Nival (el búho) y Tizón ya no eran sus únicos amigos.
Ya no iba y recorría  sola  el pueblo mirando de lejos. Y ya  nunca iba de noche a no ser  que fuera a una fiesta. 



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